late con el rumor de motores lejanos.
Mi ventana es una pecera iluminada
en un océano de oscuridad infinita.
pequeños escenarios mudos.
Una mujer riega una maceta,
un hombre lee en un sillón amarillo.
Todos somos islas con faros,
encendemos señales que nadie descifra.
Anhelamos que alguien naufrague
en la orilla de nuestro silencio.
Y en esta inmensidad de cemento y acero,
el sonido más fuerte es el eco
de mi propio corazón, latiendo
contra las paredes del pecho.
