como un río que aprende su cauce en la sombra.
Trae consigo el temblor de lo humano,
la osadía de existir a través del sonido.
entre la mente y el corazón del otro.
Cada frase abre un sendero,
cada sílaba puede ser puente o abismo.
No toda voz merece altar,
pero toda garganta merece aire.
El derecho es semilla de libertad,
mas la flor requiere del juicio que la cuide.
Callar puede ser miedo,
pero hablar sin pensar es fuego sin rumbo.
La lengua que hiere al hermano
se envenena con su propio eco.
Solo la palabra que nace del respeto
toca el borde luminoso de lo eterno.
Porque la libertad no se grita:
se honra en el silencio que escucha,
en el verbo que abraza,
en la verdad que no teme ser compasiva.
Que la voz humana sea faro,
no espada;
puerta,
no muro.
Que ser libre signifique merecer la propia voz,
porque fuimos creados para decir
lo que ennoblece,
no lo que destruye.
