pasan sobre las fotos en blanco y negro.
Cada imagen es un portal que se abre,
dejando escapar risas y canciones de antaño.
un brillo joven ilumina las arrugas.
La memoria, frágil y traicionera para lo diario,
aquí es fuerte y clara, como un río profundo.
Señala a una niña de trenzas y vestido blanco.
"Esa soy yo", dice con una sonrisa tímida.
Y por un instante, el tiempo se pliega,
y la niña y la anciana coexisten en un solo latido.
Cierra el álbum con un suspiro suave.
No es tristeza lo que llena la habitación,
sino una gratitud serena por el amor que perdura,
impreso no solo en el papel, sino en el corazón.
