es el esqueleto de lo que está por nacer.
Los obreros, con sus overoles manchados,
son artesanos de lo monumental y cotidiano.
Se ven los atardeceres pintando los cristales,
las luces de las casas encenderse como luciérnagas.
Ellos construyen los sueños de otros,
pisando vigas que son la columna vertebral del futuro.
Sus risas caen desde las alturas,
mezcladas con el sonido metálico del martillo.
Son fantasmas con rostro, sombras que forjan el horizonte,
dejando en cada viga la huella de su esfuerzo.
Y cuando el edificio esté completo y brillante,
y ellos se marchen a otra obra,
quedará en el cemento, invisible para todos,
la memoria de sus manos levantando el cielo.
