y danzó con las sombras del tiempo.
El amor, ese viajero sin mapa,
volvió a tocar mi puerta con manos de viento.
ahora son mares que naufragan en silencio.
Tu voz, antes campana de auroras,
se disuelve en la niebla de un recuerdo eterno.
He intentado atrapar la promesa del amanecer,
pero el cielo llora con tinta de ausencia.
Cada latido me recuerda tu nombre,
ese eco que persiste aunque todo se desvanezca.
Y en el jardín del alma , flor y ceniza—
la esperanza aún germina en la herida,
como si el amor, testarudo y divino,
no supiera morir cuando lo olvida la vida.
