Te presentas sin aviso, con tu séquito de sombras.
La almohada se vuelve de piedra,
y mis pensamientos, un enjambre de avispas.
donde habitan los "qué hubiera pasado".
Abrigo cajones que debí cerrar,
y hago inventario de mis fallas.
El ventilador susurra un mantra inútil,
marcando el compás de mi derrota.
Cada número que brilla en el reloj
es una pequeña losa sobre mi cansancio.
Afuera, un coche solitario pasa veloz.
Envidia me da de quien tiene un destino
a esta hora, mientras yo estoy anclado
en el mar inmóvil de mis sábanas.
A veces, en tu cruel compañía,
surgen ideas que la luz ahuyenta.
Versos torpes, soluciones a problemas
que con el día se verán banales.
Pero ahora, en este reino de silencio,
son perlas de lucidez frenética.
Te odio, insomnio, por robarme el descanso,
pero a veces temo el día en que no vuelvas.
Porque en tu fría vigilia, me obligas
a encontrarme con quien soy en la oscuridad.
Sin máscaras, sin distracciones,
solo yo y el eco de mis pasos en el vacío.
