florecen los nombres que el silencio plantó.
una lluvia sin cielo
y raíces que buscan miradas que ya no están.
La brisa lleva perfume de lo imposible,
y cada pétalo se curva con un suspiro.
He visto a las mariposas temblar
cuando alguien recuerda a quien amó tarde,
como si la nostalgia tuviera alas.
Allí todo crece hacia adentro,
los tallos huyen de la luz,
porque aprendieron que la claridad duele.
El rocío no moja, consuela,
y el aroma del olvido es dulcemente cruel.
Caminar por este jardín
es tocar la voz de los que partieron,
sus huellas sin cuerpo entre la hierba del recuerdo.
Solo quien ha perdido mucho
sabe regar con lágrimas y seguir de pie.
