como si el mundo supiera callarse cuando decides mirar.
Traes en la sangre una profundidad que no pide permiso,
y en tu silencio caben todas las tormentas que nadie ve.
soy impulso, brillo, arrogancia de sol en la piel.
Pero contigo el resplandor deja de ser ruido,
se vuelve refugio, se vuelve hogar sin paredes.
Tú no corres detrás de lo evidente; lo intuyes, lo desarmas.
Lees lo que no digo como si fuera un
idioma secreto aprendido en otra vida.
Y yo, que siempre fui de avanzar sin mirar atrás,
contigo aprendo que quedarse también
puede ser una forma de victoria.
Cuando chocan nuestras naturalezas,
no hay guerra: hay alquimia.
Tu intensidad me desnuda de máscaras viejas,
mi calor derrite tus inviernos más guardados
y en el centro de todo, sin anunciarlo, nace la calma.
No es equilibrio lo nuestro; es algo más raro.
Una lealtad que no se explica, pero se reconoce.
Como si el destino hubiera escrito en voz baja
que lo ardiente y lo profundo no estaban hechos
para huirse, sino para arder juntos sin consumirse.

