cuando te fuiste.
y las paredes,
como sacerdotes viejos,
me señalaron el hueco que habías dejado.
Entonces comenzó el ritual:
las rutinas se deshicieron como ceniza,
el aire cambió de forma,
y yo, temblando,
tuve que aprender mi propio nombre
sin tu sombra pronunciándolo.
En el temblor encontré un mapa:
no llevaba a ti,
sino a mí.

