esas margaritas que crecen despeinadas
como tu cabello en las mañanas,
como tus sueños que brotaban salvajes
en este patio lleno de aventuras.
aún se muece con el viento,
llevando fantasmas de tu risa,
de tardes cuando te empujaba alto
hasta que tocabas las nubes.
Aquí enterramos al pez dorado,
aquí construimos casas de piedra,
aquí me enseñaste que las hormigas
también tienen familias que cuidar,
también tienen hogares que proteger.
Ahora siembro nuevas semillas,
flores que tal vez nunca verás,
pero que crecen con la esperanza
de que algún día vuelvas a casa
y encuentres el jardín florecido.
Cada pétalo que se abre al sol
es una carta de amor que te escribo,
cada aroma que vuela con la brisa
es un abrazo que te envío lejos,
es mi forma de cuidarte desde aquí.

