les confiesa sus miedos líquidos,
sus secretos de luna quebrada.
donde mi rostro envejece como una hoja mojada.
Cada gota es una sílaba del pasado,
un eco de infancia que se desliza sin retorno.
El agua lleva nombres que olvidé,
paisajes dormidos bajo la espuma,
palabras que se murieron antes de pronunciarse.
En sus orillas el reloj siembra rumores de eternidad,
mientras las garzas cruzan con alas de calendario.
Más allá de toda corriente,
late el pulso invisible
de lo que alguna vez fui.
A veces creo oír mi propia voz
hecha de cristal y corriente,
repitiendo al viento una plegaria líquida:
que el río no me borre del todo,
que me guarde un segundo más en su memoria fluida.
