donde el tiempo no se atreve a entrar.
sabiendo que perderse es hallar
otra forma de existir.
Cuando me miras, el mundo parece suspenderse,
las ciudades caen, los relojes retroceden.
Solo queda esa luz,
esa marea dulce que inunda
todo lo que soy y lo que temo.
No necesito promesas ni mañanas,
solo ese instante que murmura verdad.
Si el amor tuviera rostro, sería el tuyo,
con su brillo sereno y su infinita fragilidad,
todo en uno, sin medida.
A veces cierro los ojos
solo para verte más claro,
porque tu imagen habita lo invisible.
Ahí, en el centro de la noche,
mi alma te reconoce antes que mi cuerpo.
