la gente cree que es miedo,
pero no conocen la lengua secreta
con la que el espíritu anuncia
que algo nuevo quiere nacer.
es capullo.
Y toda lágrima,
si se escucha con paciencia,
tiene alas preparándose.
La soledad se sienta frente a mí
como un espejo que no miente.
Me tiembla la voz,
me tiembla el pecho,
me tiembla el nombre.
Pero el temblor no destruye:
depura.
Y lo que queda
es una calma tan antigua
que parece haber esperado siglos
para pronunciarme.
