sus calles laten como venas eléctricas.
cada sombra respira humo y deseo.
Todo brilla, todo se miente.
Camino entre los rascacielos que murmuran,
donde el metal apuesta contra el alma.
Los autos rugen como bestias modernas,
y mi pensamiento se multiplica
en los cristales de un sueño urbano.
Hay un rumor antiguo bajo el cemento,
una raíz que aún recuerda la tierra.
Pero el neón la distrae,
la convence de que la eternidad
se compra al final de la avenida.
Sueño con una ciudad que no se mire,
que olvide su reflejo,
que respire sus propios latidos.
Hasta entonces, seguimos brillando,
desnudos ante el espejo de lo que fingimos ser,
una ciudad con rascacielos, NY.
