un canto azul que ninguna tierra comprende.
seres de espuma que llevan nuestros nombres mutilados.
El viento traduce lo que ellos callan.
Cada ola guarda el secreto de un naufragio,
un deseo hundido que aún palpita.
Las algas son escrituras antiguas,
los peces, palabras fugitivas.
Yo me sumerjo para leer lo imposible.
Hay una catedral de silencio en lo hondo,
allí reza el coral sus salmos de sal.
Nada termina, solo cambia de movimiento,
como una plegaria que la marea escribe y borra.
Escuchar es sobrevivir.
Cuando salgo, el sol me parpadea en la piel,
como si hubiera vuelto de otro cuerpo.
Traigo las manos llenas de vacío,
pero el alma sabe algo que el cielo ignora:
que el mar nunca se olvida de quien lo soñó.
