donde los abrazos tienen sabor a lluvia y a quizás.
Las pantallas parpadean con destinos lejanos,
y cada maleta rueda con un corazón dentro.
pudiéramos soldar la distancia que se acerca.
Huelo tu perfume, lo guardo en mi memoria,
será mi talismán contra la soledad.
Tus ojos brillan con un agua que no cae,
y una sonrisa trémula que lo dice todo.
Prometemos llamadas, cartas, y un pronto regreso,
palabras que son flotadores en un océano de duda.
Suena el aviso final, un tañido fúnebre.
Es la campana que anuncia el fin de este instante.
Tu mano se desprende de la mía, lentamente,
y siento que se lleva un trozo de mi piel.
Camina hacia la puerta, sin volver la mirada,
sé que es porque no podría seguir caminando.
Yo me quedo inmóvil, viendo cómo tu silueta
se funde con la multitud y se vuelve un recuerdo.
El avión despega, un pájaro de metal,
llevándose mi cielo hacia otro horizonte.
Y yo, aquí en la tierra, aprendiendo de nuevo
la geometría del mundo con tu forma ausente.
