La promesa de la distancia que me queda


No pido que olvides lo que fui,
solo que me dejes ser quien soy ahora,
alguien que aprendió a quererte bien
en el silencio largo de tu demora.

Fui torpe con tus manos, lo confieso,
las dejƩ ir cuando debƭ sostenerlas,
guardƩ el orgullo donde va el regreso
y apaguƩ la luz en vez de merecerlas.

Pero el tiempo, ese rĆ­o que no cesa,
me devolvió a tus orillas con mÔs calma,
con la certeza clara y sin promesa
de que eres la raĆ­z entera de mi alma.

Lo que me queda de vida es tuyo entero,
cada amanecer que aĆŗn no ha amanecido,
cada invierno suave, cada enero,
cada paso que aĆŗn no he recorrido.

Te harƩ olvidar el dƭa en que fallƩ,
no con palabras, sino con presencia,
con la paciencia de quien ya encontró
en el amor su Ćŗnica evidencia.

No te pido fe ciega ni rendida,
solo que el tiempo hable por mis actos,
que los aƱos que me quedan en la vida
sean entre los dos, enteros, intactos.

Dime que aĆŗn hay luz en este umbral,
que el amor verdadero no caduca,
que lo nuestro no conoce el final
y que el tiempo que nos queda nos vincula.

Porque no sƩ vivir en el olvido
de tus ojos, tu nombre, tu latido.
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Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

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