El forastero del dolor


Cuando alguien te pregunte por mi nombre,
guárdalo como polvo entre los dedos,
déjalo deshacerse sin que asombre,
porque mi amor merece otros herederos.

Si en la tarde te ofrecen otra historia,
un cielo nuevo y manos que te alcancen,
no me invoques siquiera en tu memoria,
que los buenos amores no se mancillen.

Y si alguien te interroga por tu origen,
di que llegas de lejos, de un planeta
donde el llanto y el alma no se rigen
por las mismas verdades que interpreta
el corazón que sufre cuando eligen
marcharse sin dejar siquiera una grieta.

Yo también he aprendido la mentira
del hombre que no duele ni se quiebra:
que vine de un lugar donde no aspira
el pecho a nada, ni el dolor lo celebra.

Que nunca conocí lo que es perderme
en los ojos de alguien que se va,
que aprendí a no llorar y a sostenerme
como si el alma fuera de cristal.

Pero a donde me lleven los caminos
hablaré de tu amor como de un sueño
que tuve entre los dedos, peregrino,
dorado como el sol, suave y pequeño.

Y callaré que tu adiós fue la herida
más honda que ha cruzado mi costado,
porque hay amores que merecen vida
aunque quien los vivió haya naufragado.

Vengo de un mundo raro sin distancia,
de ese mundo sin nombre ni frontera
donde el que más amó guarda el reparo
de fingir que el amor nunca le hiriera.
Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Ricardo Abud (Chamosaurio)

Estudios de Pre, Post-Grado. URSS. M.Sc.Ing. Agrónomo, Universidad Patricio Lumumba, Moscú. Estudios en, Union County College, NJ, USA. Email: chamosaurio@gmail.com

Publicar un comentario

Deje su comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente